El pasado sábado celebramos en Artabán nuestro Festival de Primavera, una jornada llena de encuentro, música, artesanía, juego y comunidad.
La primavera se hizo presente en toda su fuerza: con lluvia, granizo y también con momentos de sol. El tiempo fue cambiante, pero eso no impidió que el festival siguiera adelante. Al contrario, nos invitó a adaptarnos, a recogernos dentro cuando fue necesario y a salir al jardín cuando el cielo lo permitió.
Desde primera hora, la escuela se fue llenando de vida. Las familias prepararon la cafetería, la comida casera, la limonada, los gofres, las pizzas al horno de leña y la barbacoa. Los puestos de artesanía dieron color y calidez a la jornada, con trabajos de nuestros alumnos de secundaria, del Taller Ocupacional Tobías y de los artesanos que nos acompañaron.
El festival se abrió en el interior del colegio con un concierto de arpa, acompañado por piano. Fue un comienzo íntimo y muy cuidado, marcado por la escucha atenta de las familias y por la emoción de ver a nuestras alumnas compartir su música en un espacio conocido y cercano.
A partir de ahí, la música fue hilando distintos momentos del día. Hubo actuaciones de alumnos, preparadas con ilusión y compartidas ante familias y visitantes. Más tarde, Los Tanicos, grupo formado por padres y alumnos del colegio, llenaron el espacio de ritmo y alegría, invitándonos a bailar y a disfrutar juntos.
La tarde también nos trajo danzas del mundo con Ainhoa Limón, que invitó a los adultos a entrar en el movimiento desde el folclore y la tradición popular. La programación contó además con las actuaciones de danza de Raquel Santiago y Semilla Mingrone, que aportaron otro momento de expresión, belleza y apertura a diferentes culturas.
La Escuela Infantil Waldorf Grimm, centro de integración de Guadarrama, nos regaló un teatrillo de mesa para los más pequeños. Un gran silencio llenó la sala cuando comenzó el cuento de El Padre Sol y la Abeja de Miel. Durante unos minutos, los niños siguieron la escena con esa atención profunda que aparece cuando una historia se ofrece con calma y cuidado.
La música volvió a tomar protagonismo al aire libre con el concierto de Paloma, Pepe y amigos, cantautores y profesores de artes escénicas. Su actuación puso un cierre cercano y sensible a una tarde en la que el festival fue encontrando sus propios ritmos entre la lluvia, el sol y la participación de todos.
A lo largo del día también hubo juegos populares, talleres, papiroflexia, gincana, un puesto de entrenamiento de astronautas, comida compartida, merienda y muchos momentos sencillos de encuentro entre familias, maestros, alumnos, antiguos alumnos y visitantes. Fue muy bonito volver a ver a personas que crecieron en Artabán y que, con su presencia, recordaron que la escuela no es solo un lugar de paso, sino una comunidad que deja huella.
Uno de los momentos más esperados fue el concurso de paellas, preparado bajo las carpas mientras la lluvia iba y venía. Poco a poco, el olor de los sofritos y los arroces fue llenando el jardín, mezclándose con las conversaciones, las risas y la vida compartida.
Durante la jornada también pudimos visitar la muestra pedagógica, con cuadernos, trabajos manuales, procesos artísticos y materiales elaborados durante el curso. Fue una oportunidad para acercarse, una vez más, a la forma en que Artabán entiende el aprendizaje: como un camino vivo, en el que la experiencia, el ritmo, la belleza y la maduración de cada niño tienen un lugar esencial.
También estuvieron presentes el puesto de Teaming de Artabán y la película Intérprete Vital, un proyecto de Clown Cinema que acerca la realidad de las personas con diversidad funcional desde una mirada sensible y humana.
Nos queda una profunda gratitud por todas las personas que hicieron posible este día: quienes organizaron, cocinaron, tocaron música, prepararon espacios, acompañaron a los niños, trajeron artesanía, recogieron, cuidaron y participaron.
El Festival de Primavera nos dejó muchas imágenes: música, lluvia, claros de sol, mesas compartidas, olor a paella, barbacoa y pizza de horno de leña, niños jugando, familias conversando, antiguos alumnos regresando, la gincana, el entrenamiento de astronautas y una comunidad reunida en torno a la escuela.
Pero, sobre todo, nos dejó risas, alegría y la sensación de haber compartido un día vivo, sencillo y verdadero. Un día de esos que recuerdan que Artabán crece también en cada encuentro, en cada gesto de ayuda y en cada momento celebrado juntos.
Gracias a todos por hacerlo posible.