2 octubre 26

El rugido del dragón

Este viernes por la mañana hemos celebrado la festividad de Micael. La jornada comenzó con un saludo junto a las familias. Durante la noche había llovido y nuestro jardín relucía en hermosos tonos de verde, entre hojas doradas que anunciaban ya el otoño.

Después, los alumnos escucharon, según su edad, distintos relatos vinculados a los valores que tradicionalmente acompañan la celebración de San Miguel y que muchos pueblos de nuestro entorno mantienen vivos, cada uno a su manera, a través de músicas, canciones y otras formas de expresión: el valor, la fortaleza, la confianza y la capacidad de afrontar las dificultades.

A continuación, los alumnos prepararon un desayuno con las frutas que habían ido trayendo a la escuela durante la semana. Frutas muy variadas, que requerían distintas habilidades para pelarlas y cortarlas y que, poco a poco, se fueron transformando en una colorida ensalada de frutas.

Cada clase tuvo también su propia prueba de valentía.

Los mayores tuvieron que subir por una escalera móvil y atravesar un puente que se movía bajo sus pies. Su misión consistía en recoger hojas y palitos  secos de nuestro querido cedro para guardarlas y utilizarlas más adelante en nuestro horno de leña.

La tercera y la cuarta clase afrontaron un reto diferente fuera de la escuela: atravesar el túnel oscuro que se encuentra en las proximidades. Sin luz, avanzaron tanteando el camino y reuniendo el valor necesario para llegar hasta el final.

La cuarta clase elaboró, además, pan con los cereales sembrados en nuestra propia huerta, completando así un proceso que había comenzado tiempo atrás con la siembra.

Los más pequeños vivieron su propia aventura. El dragón había escondido las manzanas en su cueva y debían entrar para rescatarlas y recuperar su cesta. Con aquellas manzanas prepararon después unas deliciosas manzanas asadas.

Toda prueba nos transforma de algún modo.

En la Escuela Artabán nos gusta que los niños puedan experimentar cómo un elemento se transforma en otro y comprender que cada proceso necesita tiempo, atención y cuidado.

Esperar a que el trigo sembrado crezca y madure hasta convertirse en alimento; descubrir cómo de la leche podemos obtener requesón; observar cómo una pequeña semilla termina convirtiéndose en una flor.

Esa transformación también está presente cada día en la vida de nuestra escuela.

La vemos cuando acompañamos a un compañero hasta que consigue saltar solo a la comba; cuando alguien logra leer por primera vez una frase completa; o cuando, apoyándose en sus muletas, se empeña una y otra vez en subir las escaleras.

La reconocemos también en las primeras frases de quien hasta entonces apenas hablaba o en ese momento en el que alguien está triste, recibe un abrazo y, poco después, vuelve a aparecer la confianza en la vida a través de una sonrisa.

Esta misma idea recorre una de las narraciones que acompañó nuestra celebración: «La labor antes del amanecer», de Manfred Kyber.El cuento transcurre en una herrería. Allí esperan viejos trozos de hierro, oxidados y marcados por su historia. Algunos habían sido espadas, sables, cadenas o cuchillos. Todos desean ser transformados por el fuego y por el trabajo del herrero, todos anhelan una nueva forma.

Antes de que amanezca llega el herrero. Enciende la fragua, introduce los hierros en el fuego y comienza a trabajarlos sobre el yunque. Las chispas saltan bajo los golpes del martillo y el cuento nos ofrece entonces una imagen especialmente hermosa: el herrero “forjaba sólo una forma: el alma del hierro”.

Cuando termina su trabajo, frente a la herrería ya no quedan armas ni viejos hierros oxidados, sino una hilera de arados relucientes. Y entonces amanece.

Este es uno de los aspectos que queremos destacar en la celebración de Micael: descubrir que, a través del esfuerzo, del tiempo y del cuidado, algo puede adquirir una nueva forma y encontrar una manera diferente de ponerse al servicio de la vida.

La jornada terminó en el salón de euritmia, donde alumnos y profesores cantaron canciones de Micael y compartieron el pan y las manzanas asadas elaborados durante la mañana.

Y, aunque nadie pudo asegurar de dónde procedía exactamente, a lo largo de la mañana el rugido de un dragón se dejó oír en diferentes lugares de la escuela.