A finales de mayo, la sexta clase realizamos el viaje de fin de curso como broche final a la etapa escolar en Artabán. En nuestro caso, hicimos el Camino de Santiago desde Palas de Rei hasta la misma Plaza del Obradoiro, alrededor de unos 70 km.
Durante los cinco días que hemos estado caminando, hemos encontrado bosques que nos han protegido de la lluvia y refrescado del calor, peregrinos que han compartido historias de cómo han ido realizando el camino, caminantes sorprendidos de ver a niños realizar con tanto esfuerzo y alegría el Camino y oriundos gallegos que se alegraban de escucharnos cantar cuando pasábamos por los pueblos.
Un gran reto ha sido superar la inestabilidad en un mismo hospedaje, llegar cada día, preparar la cama y al día siguiente recoger todo, sin olvidar nada, para ponerse de nuevo en camino. Teniendo en cuenta, por supuesto, que realizar un viaje así siempre conlleva un reto personal, que todos han conseguido superar a lo largo de los días con éxito.
Aunque el verdadero éxito de orgullo personal y colectivo fue la llegada a la Plaza del Obradoiro el viernes por la mañana. Ya desde el día anterior se podía ver, en el Monte do Gozo, la ciudad de Santiago y su catedral. La estatua de los Peregrinos nos indicaba que ya estábamos muy cerca y que por fin llegaría el gran día.
El viernes, temprano, tras un rico desayuno, una masa con camisetas naranjas se puso a caminar. A diferencia de las otras etapas, rápidamente llegamos a la ciudad y el camino era totalmente de carácter urbano. Constantemente veíamos partes de la catedral, pero parecía que aún nos faltaba kilómetros por hacer. La alegría y el deseo de llegar, hizo que empezáramos a cantar, algo tan común para nuestro ámbito escolar pero tan ajeno para la vida en la ciudad.
Nuestras voces se unieron conjuntamente, al unísono, y cuando cruzamos un pequeño túnel y vimos que habíamos llegado, no pudimos evitar correr hasta el centro de la plaza y darnos un abrazo todos juntos. Formamos un gran círculo abrazados, felices, contentos, cantamos llenos de alegría y gritamos con fuerza “Artabán”, lo que nos ha unido y nos ha ayudado a llegar hasta Santiago. Un viaje inolvidable que alumnos y maestras guardaremos como un hito en nuestras vidas.