6 junio 26

Baldur y Loki, luz y oscuridad

Este fin de semana, la cuarta clase nos ha mostrado su teatrillo sobre la muerte de Baldur, uno de los relatos más conocidos de la mitología nórdica. Ha sido un trabajo cuidadosamente preparado, con un fondo pictórico muy expresivo en el que aparecían Yggdrasil, el árbol del mundo, y Asgard, la morada de los dioses, creando una atmósfera muy especial para acompañar la representación.

En la pedagogía Waldorf, la mitología nórdica se trabaja habitualmente en 4.ª clase porque acompaña muy bien el momento evolutivo del niño. En esta etapa empiezan a aparecer con más fuerza la vivencia de la separación, el conflicto, la valentía, la traición, la responsabilidad y las consecuencias de los actos.

Dentro de estos relatos aparece Baldur, el dios luminoso, bello y bondadoso, amado por todos los dioses. En él podemos ver una imagen de la claridad, la inocencia y la confianza. Cuando su madre, Frigg, presiente que Baldur puede morir, recorre el mundo y pide a todas las criaturas y elementos que prometan no hacerle daño: el fuego, el agua, los metales, las piedras, los animales, las plantas y todo cuanto existe. Pero hay una pequeña planta a la que no pide juramento: el muérdago. Le parece demasiado débil, joven e inofensivo.

Loki, enemigo de Baldur por envidia y por rechazo hacia su luz, descubre este hecho, toma el muérdago y prepara con él una flecha mortal.

Después se acerca a Höðr, el hermano ciego de Baldur, que no participaba en el juego de los dioses porque no podía ver. Los dioses se divertían lanzando objetos contra Baldur, ya que nada podía herirlo. Loki aprovecha la situación y se presenta ante Höðr fingiendo ayudarlo. Le propone participar y le dice que él guiará su mano.

Höðr, sin ver y sin saber que aquella flecha estaba hecha de muérdago, acepta. Loki coloca el arma en sus manos, orienta su brazo y hace que la lance contra Baldur. La flecha alcanza al dios luminoso y lo mata.

Así, Loki no mata directamente con sus propias manos, sino que utiliza la ceguera y la inocencia de otro para cometer el acto. En Baldur podemos contemplar la luz y la pureza; en Loki, la sombra que actúa mediante el engaño; en Höðr, la acción inconsciente guiada por otro; y en el muérdago, aquello pequeño, olvidado y aparentemente inofensivo que puede llegar a tener un poder decisivo según cómo se use.

Vemos así que la sabiduría de la antigua mitología nórdica aún tiene mucho que enseñarnos. Los alumnos, sin embargo, lo viven directamente a través de la imagen y la vivencia al escenificarlo. No necesitan una explicación intelectual ni una interpretación cerrada: se acercan al relato desde el gesto, la palabra, el movimiento, su propia situación vital y la experiencia compartida.

Enhorabuena a toda la cuarta clase por este hermoso trabajo.