Cuando llegas a la Escuela Artabán, los árboles te envuelven y te invitan a entrar en un espacio lleno de vida. El paso del tiempo aquí se percibe con claridad: las estaciones cambian delante de nosotros, los colores del paisaje se transforman, las hojas caen y vuelven a brotar. La naturaleza marca un ritmo que acompaña, sin imponerse, el día a día de la escuela.
Nada más entrar, aparecen las casitas de libros. Son pequeñas, sencillas, siempre abiertas. En ellas, los libros pasan de mano en mano y crecen, igual que crecen los niños, acompañando distintos momentos y dejando huella.
Un edificio con historia, abierto a todos
El colegio se encuentra en un edificio que lleva más de un siglo aquí. Es un edificio con carácter, que hoy cuenta con un elevador exterior que hace accesible la segunda planta, facilitando el acceso y la movilidad dentro del espacio.
Aulas abiertas al mundo
Dentro del edificio, las aulas cuentan con ventanas amplias, algunas de madera, desde las que se ven los árboles y el cielo y, a menudo, los pájaros que se acercan a las casitas de comida que los propios niños preparan. En ocasiones, también las ardillas del lugar se dejan ver, integrándose con naturalidad en la vida cotidiana del colegio.
Las mesas y las sillas son de madera, muchas de ellas hechas por las propias familias. Son individuales y movibles, lo que permite transformar el aula según lo que se necesita en cada momento y adaptar el espacio a lo que ocurre en él.
Espacios que se transforman
Consideramos que el espacio nunca está del todo terminado. Se va haciendo con los niños. Juntos hemos construido un horno de leña, una pequeña casita, un banco decorado con cuidado y una casa de herramientas de madera. Cada uno de estos lugares guarda su propia historia. Son espacios que se construyen y se cuidan, porque han nacido del trabajo compartido.
Los patios están pensados con atención a cada etapa. Los más pequeños cuentan con un espacio propio, protegido y tranquilo, con troncos, un tipi y una pequeña cocina de exterior improvisada con maderas, cazuelas y utensilios, donde juegan a cocinar con lo que el propio patio les ofrece: tierra, hojas y agua.
Movimiento, equilibrio y aventura
El olivar es un espacio amplio en el que aparecen troncos grandes y pequeños que se transforman en cabañas, puentes o refugios. Allí también hay columpios, que amplían las posibilidades de movimiento, equilibrio y coordinación.
En otro rincón del jardín, más recogido y sereno, se encuentra una casita pequeña, un lugar donde tres o cuatro niños pueden sentarse juntos y hablar con calma, cuando el juego pide cercanía y tranquilidad.
Los alumnos mayores cuentan con zonas para voleibol, baloncesto, el cuadrado, la rayuela o el salto a la comba. Son espacios donde se trabajan la motricidad, la coordinación y el ritmo, siempre a través del juego.
La huerta y el cuidado de la tierra
La huerta forma parte de nuestra vida escolar. Son los niños de tercero de primaria quienes se responsabilizan de ella, aprendiendo a sembrar, regar, esperar y observar. Cerca de la huerta hay un invernadero que estamos proyectando reformar, un espacio que queremos cuidar y desarrollar con el tiempo.
Hay un lugar especialmente querido por todos: el gran cedro. Bajo su sombra se crean muchos de nuestros escenarios para teatrillos y fiestas especiales, y se ha convertido en un punto de encuentro muy significativo para la comunidad.
Aprender dejando huella
En lo académico, cuidamos los contenidos, pero una de las características especiales de nuestro trabajo es cómo se plasma el proceso de aprendizaje. Los niños crean sus propios libros de estudio: cuadernos que se van llenando de textos, dibujos y esquemas, donde lo aprendido va tomando forma con el tiempo, de manera personal y consciente. Al mismo tiempo, tienen acceso a los libros creados por otros, que amplían su mirada y acompañan su propio recorrido. La biblioteca es un espacio pequeño y acogedor, lleno de luz, que invita a entrar sin prisas. Es un lugar al que se acude para leer, para buscar, para quedarse un rato, y donde los libros están siempre al alcance de los niños, formando parte de la vida cotidiana del colegio.
Cada viernes, durante quince minutos, desde el aula de cada clase, toda la comunidad escolar se detiene al mismo tiempo para leer. Para ello, cada clase cuenta con su propia pequeña biblioteca, con libros adecuados a la edad, lo que permite que cada grupo encuentre lecturas que le acompañen.
Un proyecto que se construye entre todos
Desde la comunidad escolar Artabán, concebimos la escuela como un lugar que se construye entre todos: familias, niños y maestros, en un equilibrio vivo entre aprendizaje, convivencia y cuidado. Os invitamos a acercaros, a recorrer sus espacios y a conocer de cerca el proyecto educativo que aquí se vive cada día.